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| Jean Meslier (1664 – 1729) fue un sacerdote católico francés |
Meslier, un cura
contra Dios
Sacerdote durante 40 años en el siglo XVIII, arremetió
contra la religión y recomendó en su testamento abandonar toda creencia
Jean Meslier (1664 – 1729) fue un sacerdote católico francés del que se descubrió tras su muerte que era el autor de un voluminoso manuscrito filosófico que defendía el ateísmo más radical titulado Mémoire des pensées et des sentiments, traducido y publicado por primera vez al español en 2010 por editorial Laetoli con el título de Memoria contra la religión.
Jean Meslier fue uno de los mejores espías de la Historia.
Educado en la religión católica, sacerdote desde los 22 años hasta su muerte a
los 65, en 1729, Meslier se atrevió a romper el gran tabú: dijo alto y claro
que Dios no existe, que la religión es una fantasía, una mentira, inventada
para oprimir y explotar al pueblo.
El autor de Memoria contra la religión −Laetoli publica
ahora la primera edición íntegra del texto en castellano− fue considerado por
los pensadores del siglo XVIII como un revolucionario y entró en los libros de
Historia como el padre del ateísmo.
Durante más de 40 años, en su parroquia de Etrépigny, al norte
de Francia, Meslier escuchó con paciencia las confesiones de los supuestos
pecados de los fieles. Sus maneras eran poco ortodoxas y la nobleza local solía
quejarse de él, aunque nadie se había imaginado la doble vida de este hombre de
Dios.
Nada más quitarse la sotana que vestía de día, Meslier
aprovechaba las noches para leer todo lo que se alejaba de la Biblia.
Desmenuzaba a Montaigne, Pascal, Séneca, Descartes y Fénelon −teólogo de
referencia de la Francia de los siglos XVII y XVIII−, y escribía su testamento
con un solo objetivo: que la gente alcance "la razón y la verdad"
para "vivir felizmente".
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| Obra de Jean Meslier |
Fue el primero en anunciar la muerte de Dios y plantearlas
ideas del ateísmo
Meslier va al grano: la religión es "una invención e
una institución puramente humana"; en la religión "está la verdadera
fuente, el verdadero origen de los males que perturban el bien dentro de la
sociedad humana y que hace que los hombres sean infelices".
Y no se olvida de los sacerdotes, que "engañan y
despojan astutamente de sus bienes" al pueblo.
La obra podría parecer un panfleto lleno de soflamas
escritas con el rencor de un hombre que se arrepiente de su vida. Pero Memoria
contra la religión no es nada de eso. Son más de 700 páginas (en la edición
publicada por Laetoli) que desconstruyen uno por uno, con argumentos
teológicos, filosóficos cita a Platón, analiza los Evangelios los fundamentos
de la fe.
Castigado por vivir con mujeres
Se sabe muy poco de la vida de Meslier, excepto sus malas
relaciones con el arzobispado. Jean Meslier nació −casualidad de la vida− en
1664, año en el que Molière presentó Tartufo, obra condenada por la Iglesia por
atacar la religión. En el sacerdocio de Meslier, los pobres siempre encontraban
un banco para sentarse; sus discursos atacaban frontalmente la explotación del
pueblo por la aristocracia. Es más: vivió con una mujer de 23 años cuando él
tenía 32. "¡Oh horror!", exclamó la Iglesia. "Es mi
sobrina", justificó él. Años después, tuvo a una criada de 18 años: cuando
se enteraron las autoridades eclesiásticas, Meslier fue castigado a un mes de
retiro absoluto en un monasterio. Testigo y víctima impotente de las
injusticias sociales, Meslier decidió denunciar una sociedad basada en una
impostura.
Predicaba de día y escribía de noche.Sus textos se
publicaron después de su muerte
"Siente que llega el final de sus días, decide poner
por escrito sus pensamientos y sentimientos, que legará como testamento a la
humanidad", apunta Julio Seoane, doctor en filosofía y autor de ensayos
sobre la Ilustración.
Meslier tenía 60 años cuando empezó a escribir Memoria
contra la religión; tardó más de un año en acabarlo. El titular original del
texto es largo, pero lo dice todo:
Memoria de los pensamientos y sentimientos de Jean Meslier,
cura de Etrépigny y de Balaives, acerca de ciertos errores y falsedades en la
guía y gobierno de los hombres, donde se hallan demostraciones claras y
evidentes de la vanidad y falsedad de todas las divinidades y religiones que
hay en el mundo, memoria que debe ser entregada a sus parroquianos después de
su muerte para que sirva de testimonio de la verdad, tanto para ellos como para
sus semejantes.
Su primera víctima es Dios. ¿Por qué se muestra "discreto"
ante tanta injusticia y miseria humana pero, al mismo tiempo, pretende ser
amado y adorado?, se preguntó Meslier. "O existe y se burla de nosotros
dejándonos en la ignorancia, o no existe", respondió, "las religiones
no pueden ser realmente divinas todas ellas ya que se contradicen unas a otras
y sus credos se contraponen, por lo que resulta evidente que no pueden provenir
del mismo principio de verdad conocido como Dios". Añadió: "No vemos
nada, no sentimos nada y no conocemos nada en nosotros que no sea
materia".
Meslier presenta a Jesucristo como "un hombre sin
talento ni espíritu; un loco, un insensato y un miserable fanático". Los
textos sagrados son "falsedades que nunca ocurrieron". Porque, antes
de creerlas, habría que comprobar que sus autores eran personas
"dignas" que "examinaron todas las circunstancias de los hechos;
hechos que se corrompieron con el tiempo".
La obra de Meslier tuvo el efecto de una bomba. Cuando el
cura falleció a finales de junio de 1729 nunca se supo exactamente cuándo ni
cómo, dejó dos cartas, una a su sucesor y otra al cura de la parroquia vecina,
para que trataran su ensayo secreto con cuidado. Había escrito tres ejemplares.
Es fácil imaginar la cara de sorpresa de los dos sacerdotes y la de los
parroquianos de Meslier cuando leyeron las primeras palabras del explosivo
texto del antiguo cura. El manuscrito fue enviado a las autoridades
eclesiásticas en París, aunque ya era demasiado tarde: los intelectuales de la
época impidieron su destrucción. Voltaire publicó una versión reducida (y
suavizada) en 1762. La Francia de la Ilustración había encontrado a su profeta
del ateísmo.
Morir en la hoguera
Ante el peso social de la Iglesia, Meslier nunca osó saltar
del púlpito para gritar sus opiniones y esperó a su muerte para hacerlo. ¿Era
hipócrita mientras predicaba? Julio Seoane llama a la "solidaridad"
ante el dolor y la angustia de Meslier por "no saber qué hacer". Bajo
Luis XIV, el rey Sol, era peligroso meterse con el omnipresente catolicismo y
los heréticos aún morían en las hogueras de un país en su inmensa mayoría rural
y analfabeto. El cura escribió con la esperanza de "limpiar el mundo de
iniquidades", por "el amor por la justicia".
En sus conclusiones, dio recomendaciones a todos los que le
leerán: "¡Pobres hombres, estáis locos! Locos por creer tan ciegamente en
semejantes tonterías. (...) Ha llegado el momento de liberaros de esta
miserable esclavitud". Desde las revoluciones de 1789, siempre se cita
esas palabras de Meslier: "Deseo que todos los poderosos y los nobles de
la Tierra sean colgados y ahorcados con las tripas de los curas". Unos
argumentos retomados por Karl Marx y los demás fundadores del pensamiento
comunista.
El cadáver de Jean Meslier, el cura que se alzó contra Dios
y las desigualdades, nunca fue encontrado. Ninguna lápida recuerda su memoria.
PD: Hemos presentado el íntegro de la publicación de este informe.
NRMQ
Fuente:
- http://www.publico.es/culturas
- Edición y agregados del autor del blog.


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